¿Cómo defino mi estilo de afrontamiento de conflictos?
Cuando estaba en la escuela una forma de solucionar mis conflictos con
los compañeros era irme a los golpes. Esto mínimo unas 3 veces a la semana. Cuando
ingrese al colegio esto cambio, y casi siempre prefería dialogar y así evitar
peleas. Incluso tenía compañeros muy bravucones. Era un infernó, muchas veces ya
que todo el día pasaban molestando. Si esos días hubiesen sido aquellos tiempos
de escuela no habría pasado ni un segundo y estaría encima rojo-rojo del
colerón tratando de golpearlos. En cambio preferí ignorarlos, también escuchar lo que decían, incluso
a veces me reía. Con el tiempo me
fueron omitiendo hasta que nunca más me volvieron a molestar.
Con forme iba creciendo y me iba
viendo involucrado en conflictos fueran personales o dentro del colegio, o del
trabajo. Prefería y prefiero solo escuchar y si tengo una queja u objeción solo
me la guardo y esto lleva a compararme en cómo puedo afrontar un conflicto.
Si lo comparamos con lo explicado por (Dubrin, 2008) en donde menciona el estilo
participativo como el camino entre el dominio y la apaciguamiento. Siempre me
he visto los conflictos como algo a parte en donde no quiero meterme. Tanto así
que incluso puedo terminar cediendo para no entrar en problemas aunque la otra
persona este equivocada. Pero al final pueda decirle “se lo dije”. Pero también
veo un poco de colaborativo y más que todo en mi trabajo. Si las cosas salen
mal es porque puede que lo esté haciendo mal y si lo hago mal esto afectara a
muchos a mi alrededor entre esos mi jefe y mis compañeros. Y si afecta a mi
jefe puede que afecte a sus superiores y así seguirá la cadena. Por lo que si
hago bien mi trabajo no solo por el salario mensual, si no por el bien de mi
empleo y de la empresa, podría llegar a un punto como lo explica (Dubrin, 2008) ganar-ganar; La convicción
de que después de resolver un conflicto ambas partes deben ganar algo valioso.
Esto me pasa todos los días y no solo a mí a todos los que trabajamos y
tenemos responsabilidades en nuestras manos, unas mayores que otras pero todas
con un valor importante que nos demuestra lo que somos como profesionales y
personas.
Bibliografía
Dubrin, A.
J. (2008). Relaciones Humanas. En Comportamiento humano en el trabajo
(págs. 128-131).




